Patty Wong: “Tu interior es tu eje, tienes que empezar por ti”

Años han pasado desde que veíamos a Patty Wong con su linda sonrisa en el programa de televisión de Raúl Romero como una de sus modelos. Sin embargo, la sonrisa no ha cambiado, aún más, parece parece más auténtica y se debe sin duda a que Patty está viviendo su sueño.

Desde que comenzó con tan solo 11 años, a vender panes en el colegio para ayudar a su familia, supo que quería ser empresaria. Su primer chifa lo puso junto a sus hermanos hace nueve años. Hoy ya esta por abrir su cuarto chifa sola y asegura que no ha alcanzado el éxito aún. Su camino es un ejemplo para todas aquellas mujeres que enfrentan condiciones difíciles de pequeñas pero que se imaginan a sí mismas, superando esa situación. Por esa razón también este año fue elegida para ser jurado del VII Premio Mujer Microempresaria.

Tú comenzaste desde muy niña con el tema empresarial, desde el colegio. Generalmente no tenemos tanta visión cuando somos niños. ¿Cómo surge la idea?

Creo que todo parte de la necesidad, yo tenía una familia muy humilde, pasamos momentos muy difíciles desde pequeños. Tengo una familia numerosa de 10 hermanos, mi papá es chino de Cantón y mi mamá es cuzqueña. Creo que de todo eso partió la idea, bendito sea Dios. Un ejemplo es que mis hermanos son emprendedores también.

Tus hermanos son mayores…

Yo soy la cuarta, voy al medio.

¿A qué edad comienzas exactamente con el tema del negocio?

A los once, cerca de los 12.

Comienzas a tener en claro que querías tener tu negocio.

A raíz de eso, que me fue muy bien tan solo vendiendo panes con hot-dog, tuve la claridad para decir: “Yo me voy a dedicar al mundo de los negocios”. Es más, recuerdo exactamente que a los 14 años, le dije a mi mamá: “Voy a estudiar administración de empresas, quiero ser empresaria, para eso voy a pagar mis estudios siendo modelo”, y comencé a hacer todo mi plan de vida. La mente es muy poderosa, lo que hay en ella es como una varita mágica. Yo ya la tenía súper clara, sabía que quería ser empresaria pero aún no sabía en qué. Mi mamá me dijo que estaba soñando, que estudie para postular a una universidad nacional, que cómo iba a ser modelo. Ahora me doy cuenta que las cosas pasaron tal como a los 14 años yo me había imaginado.

Tú participaste del concurso de la paquita peruana.

Así es, cerca de cumplir 12 años.

¿Esa idea como surge?

Yo estaba en Yola. Si no fuera chifera de oficio, sería arquitecta, y sino sería bailarina profesional (risas). Desde que tuve uso de razón me encanta bailar, y mi mamá súper linda me apoyó en ese lado.

Pero no le terminaba de gustar el tema de verte en ese ambiente…

Me apoyaba en ser artista, pero no modelo. Cuando le comenté sobre el modelaje, se asustó un poco. Pero de chiquita, ella me llevó a Yola, a lo de la Paquita peruana cuando se lo pedí. Yo  creo que las herramientas que te da Dios,  y para los que no creen en Dios la vida, tenemos que usarlas en el buen sentido. Yo no tenía dinero, pero mi capital era mi físico. Me fui dando cuenta que era una chica estilizada y que podía trabajar como modelo y pagarme los estudios. Cuando comencé, por ejemplo, mi cabello natural era castaño claro y cuando iba a los castings donde buscaban chinitas, el pelo no iba. Así que para potenciar mi imagen, me pinté el cabello de negro y ya me elegían. Me fue bien de modelo porque era una de las pocas de tipo oriental. De ahí entré a trabajar con Raúl Romero. Antes de él, fui a muchos cástings para televisión y no me elegían. Creo que simplemente a veces tienes que estar en el lugar indicado. Recuerdo que vi a Raúl en una entrevista antes que salga su programa, dijo que le faltaba una última modelo, yo ya había ido al cásting y no me habían elegido. Pero me llamaron para otra secuencia en ropa de baño y es por eso que me llamaron de nuevo. Estaban todas las modelos más regias y yo me sentía muy chiquita. Esa fue la tarima para todo lo que vino después. Ya estando casi dos años en el programa, sentía muchos vacíos. Eso que muchos de nosotros sentimos, yo conozco gente mayor que los sigue sintiendo.

El vacío de cuando no estás haciendo lo que realmente quieres.

Así es. Yo sentía que ya no quería ser modelo, no porque fuera algo malo. Yo estoy muy agradecida de lo que me dio, pero ya tenía que venir algo más. ¿Dónde estaba lo que realmente yo había venido a hacer en mi vida? Armé mi empresa de shows infantiles y a raíz de eso, me botaron del programa porque me puse a promocionarlo en un programa de otro canal.  Y me gustaba, pero no me terminaba de llenar.

A los 14 años había entrado a un chifa muy conocido, yo amaba ese lugar. Yo era la que abastecía a los mozos, tenía que encargarme de todo lo que salía del salón, desde cubiertos, vasos, gaseosas, estaba en una posición donde miraba todo el movimiento y me decía: “Quiero tener un chifa, porque además mis papás nos han sostenido teniendo un chifa muy chiquito y humilde”. Yo siempre había soñado con tener uno grande. Pero en el camino hay cosas que te van sacando y haciéndote olvidar lo que realmente deseas. A veces estás lejos y cerca al mismo tiempo. Dos hermanos míos son chefs y por ese entonces llegué a Los Olivos por el papá de mi hija, porque su familia vive por allá y yo dije: “Acá pongo mi banderita”. Armamos un local muy chico de 24 metros cuadrados, fue un suceso total, pero solo vendíamos bocaditos chinos.

Yo creo que soy una persona que no me quedo con lo que tengo, para mí el límite es el cielo y quería algo más grande. A los dos meses abrimos un chifa de 80 metros cuadrados en Los Olivos pero ya en otro local. Fue un éxito total, teníamos que cerrar puertas y la gente gritaba afuera. Mi hermano que era cocinero, me decía: ¡ya cierra! Ampliamos al costado, porque ya no había más espacio, después hacia arriba, luego al fondo y ahora ese local tiene ya casi 10 años, va súper bien. De ahí abrí en San Miguel, pero ese no renovamos contrato por el tema de alquiler. Tiempo después, abrimos dos más en el Cono Norte que aún permanecen, pero todos estos locales son en sociedad con mis hermanos y cada quien daba su aporte. El que era chef apoyaba en la cocina, yo me preocupaba por el tema de la arquitectura, mi hermana estaba en la parte logística.

De hecho tu nombre también ayudaba.

Mucho. Yo ponía mi nombre porque mucha gente iba de curioso a ver cómo una modelo tenía su chifa. Pero como el producto es bueno termina quedándose. Se convierte en un público cautivo. Hace un año yo decidí independizarme y hacer una marca sola porque es parte de crecer. Y tenemos un año en el local de Abancay, luego inauguré el de de Mesa Redonda, el tercero en El Agustino y estamos por inaugurar el cuarto en una patio de comidas. La verdad que la meta son 15, cuando los tenga voy a decir: “ya está”. Porque el ritmo de trabajo es muy fuerte, pero me encanta porque es lo que realmente me apasiona. No hay nada que me apasione más que, entrar a mi local y meterme a la cocina. Cualquier punto de este local es una zona de confort, es una espacio ideado no solo para mí, sino para otros y para mi gente, mi equipo. Me encanta mi cocina, me encanta mi bar, mi privado, entrar a lavar los platos, revisar mis baños, mi comida.

Eres una persona de detalles, no te has limitado a estar en la dirección y delegar.

A veces hasta recojo platos, yo puedo hacer de todo y por eso me gusta, porque me siento como en casa. Es complicado cuando manejas tanta gente, que ellos lo entiendan. Pero yo le digo a los chicos que trabajan aquí que una empresa es como un hogar. Y así como son los padres, son los hijos. Si no se respeta a los padres, termina siendo un hogar de delincuentes. Así que yo soy como la madre y ellos me deben respeto, así como yo a ellos. Las políticas de la empresa las manejo yo y ustedes se tienen que adecuar a eso. Creo que en el camino ha habido de todo, pero creo que ha habido más del 90% de gente que ha actuado según la política que llevo.

Prácticamente estamos hablando ya de 10 años al frente de este negocio. ¿Qué crees que ha sido lo más difícil?

Para mí, si retrocedemos a hace dos años, cuando estaba con mis hermanos, te diré que el inicio fue muy duro, pero sentía el apoyo de todos. Y fue duro también porque yo lo pasé embarazada, y sabiendo que iba a ser una madre soltera. Creo que fue una de las etapas más difíciles de mi vida, porque vengo de un hogar con mi papá y mi mamá y aceptar que tú no le vas a dar lo mismo a tu hija, me generaba mucho conflicto interno. Por eso creo que me demoré más en llegar a esta etapa ya sola, porque no había resuelto bien ese tema conmigo, no estaba en paz. De hecho, también era difícil luego renunciar al confort, porque cuando tenía esos locales con mis hermanos, ellos hacían una cosa, yo otra, las responsabilidades y tareas estaban compartidas. Llevaba una vida súper cómoda y sumado a mis eventos y shows, era como para que me quede en casa con mi hija y revisando las cuentas de vez en cuando.

¿Por qué seguías haciendo shows? Porque de hecho ya tenías una entrada con los chifas.

Porque alimentaba mi parte artística, hasta ahora los hago y no voy a dejarlo. Es ganar dinero con algo que adoro hacer. Yo creo que pasé una etapa económicamente de mucha tranquilidad, tratando de resolver esa parte culpable que yo sentía con el tema de mi hija. Hace un año creo que volví a empezar de cero y realmente no sabes cómo va a hacer, y resulta ser tan difícil como la vez anterior. Ya estaba muy bien conmigo: amo ser una madre soltera, adoro mi hogar, es lindo, y si entras a mi casa realmente lo sientes. Puede ser de dos personas pero es un hogar. Me llevo súper bien con el papá de mi hija, ella también tiene una muy buena relación con él, entonces ¿qué más le puedo pedir a la vida?

Tú te casaste…

Sí, hace tres años con otra persona. Pero también había un tema de ese estilo. Pensaba: “Me caso y le doy un hogar ahora sí a mi hija”.

Todavía tenías tu chip de culpabilidad

Sí, y a veces por ese chip haces las cosas y no porque realmente quieras hacerlo o porque sientes que es el hombre de mi vida. Sé que realmente no era mi momento, ni ahora es mi momento. Porque creo que si hubiera conocido al hombre de mi vida y hubiera sido un hombre con dinero por ejemplo, tal vez yo no hubiera llegado a ser la mujer que soy ahora y yo amo ser esta mujer. Las cosas llegan cuando tienen que llegar y tienes que tener claridad para eso.

Cuando el año pasado inicié sola, cuando no había hermana que se encargara de hacer las compras, u otro que se preocupara por la comida, fue muy duro. Lo hice sola y fue pararme de cabeza también y quedarme sin dinero. Y fue la financiera Crediscotia la única que creyó en mí. Solo les llevé una presentacion en Power Point y me dieron los préstamos que yo necesitaba. De allí hemos seguido creciendo con el mismo flujo de caja. Entonces en realidad yo solo tengo chifas, y por supuesto que quiero seguir creciendo. Mi vida confortable se fue a un costado pero valió la pena. Hay gente que me dice: “Cuánta plata debes tener”. Pero todo mi dinero está invertido, tengo activos fijos, pero hasta eso, me encanta. Cada chifa es totalmente diferente, es como tener varios hijos con la misma sangre pero cada cual con su personalidad. Yo manejo tres líneas: chifa-restaurant, el de comida rápida que son con cajitas de comida como el de Mesa Redonda y catering corporativo. Pero en esas tres líneas, en cada distrito, nuestros locales tienen que tener distinta personalidad porque el público tiene una necesidad distinta. Por ejemplo en Mesa Redonda, la gente está haciendo compras, no quiere sentarse a comer, quiere algo rápido, rico y barato. Cada vez que se trata de un nuevo punto, es ir caminar 4 o 5 horas, ver la gente, inspirarme para dar a luz a un nuevo hijo.

Estamos hablando de 15 locales que quieres tener, ¿en cuánto tiempo lo has calculado?

Espero que en cinco años. Yo sé que cada día mi vida va cambiando. Por ejemplo, empecé viendo la parte administrativa desde mi casa y hace seis meses tenemos nuestra oficina. Mira si hasta mi modo de vestir ha variado. Todo es un proceso.

¿En Lima o en provincia? Ahora estás en el Centro y Conos de la ciudad, ¿en qué otras zonas planeas ponerlos?

Yo quiero hacer de mi marca, que es mi nombre, una marca muy comercial. Para la comida no debe haber clasificación, la comida es sinónimo de vida, sin alimentación no hay vida. Lo que sí, según el distrito se va a hacer la infraestructura. Tal vez más ostentoso, con mejores acabado en otras zonas. En todos los niveles sociales, el peruano es muy exigente con la comida porque somos muy buenos. Nuestra gastronomía es maravillosa y sabrosa. Entonces todos los estratos somos muy exigentes. Quiero que mi chifa llegue a todos, voy a ir a todos los distritos. Como flujo de caja a mí me conviene más haber empezado en lugares con mucho comercio, que los metros cuadrados son más baratos. Yo necesitaba entrar a un negocio seguro.

Algo que me decías, y llamó mi atención, es que fue un reto para ti ser madre soltera y también lo fue empezar sola, sin tus hermanos, un nuevo negocio. ¿Cómo vives ahora ese ser madre y empresaria y por tanto, estar muy ocupada?

Yo creo que en todo ser humano, todo tiene que partir interiormente. Tu interior es tu eje, tienes que empezar por ti. Si yo estoy contenta conmigo, con mi cuerpo, también voy a estar contenta con mi hija. Para mí, mi prioridad es ella, es mi motor. El día que ella nació me hizo sentir una súper héroe, invencible. Yo no puedo trabajar mucho y descuidarla, porque no estaría siendo consecuente con lo que realmente yo amo, con quien es mi gran responsabilidad. Hay cosas que siempre hago, pase lo que pase o sobre cualquier trabajo que tenga que hacer. Yo siempre dejo a mi hija en el colegio y siempre la recojo. Hay movilidades, pero es nuestro momento y cuando ella crezca va a decir: “Mi mamá fue una mujer muy ocupada pero siempre me dejaba y me recogía del colegio”. Tenemos una rutina, subimos al carro con su nana, sube el perro. Los niños necesitan estabilidad, una rutina que los haya acompañado en su niñez. Yo siempre me lo propuse.

Mis domingos también son para ella, trato de organizarme y saber cuáles son mis limitaciones y las cosas que están en contra. Por ejemplo, soy muy olvidadiza. Tengo tantas cosas pendientes que siempre ando con la computadora y tengo una asistente que me hace acordar, ellos son mis aliados. Trato de organizarme para todo, para correr por las mañanas, para salir con mis amigas, para estar sola un momento. De verdad que tengo tiempo para todo eso, no sé cómo pero lo tengo, y sobretodo para estar bien con mi hija y eso es para mí es haber compartido mi tiempo y espacio. Si yo no hago esa parte, lo demás no lo voy a hacer bien.

¿Cómo crees que ella te ve?

Ella es como todas las niñas a su edad, para las que su madre es como su hada madrina, a la que quieren imitar y quieren ser como ella. Es como un clon mío, físicamente también. Ella viene al chifa. Yo ahora tengo un chico que es como mi seguridad y que también hace lo más duro, lo de hombre. Antes yo lo hacía sola, venía al local en la madrugada a recibir las 60 sillas que necesitaba y mi hija en el carro bien abrigada.  Yo entraba con albañiles para hacer arreglos, mi casco puesto y mi hija al costado. Ella ha crecido viendo todo eso, o en los shows, viéndome bailar. Ella ha visto una mamá fuerte, porque así somos todas las mujeres. Mujeres aguerridas, con ganas de sacar adelante nuestro hogar.

De hecho todo ha sido un camino que se ha ido trazando sin que te dieras cuenta.
Sin que me diera cuenta. Y Dios está ahí diciendo: “Este es tu camino y tú te estás yendo por otro lado”.

Creo que estás viviendo un momento de éxito.
Yo no lo veo así. Mi familia o la gente me dice: “para, te va bien, relájate”. Porque no te miento yo todo el tiempo estoy pensando en mis chifas, en qué hacer para mejorar, duermo con eso. Voy a un lugar a comer y estoy viendo los detalles. Espero que de aquí a cinco años mi mente se relaje y pueda disfrutar de otras cosas diferentes. Pero yo no siento eso, siento que la gente cuando siente que ha tocado el éxito comienza a volverse soberbia. Y yo, a los 32 años, puedo decir que estoy por un buen camino, haciendo lo que quiero, pero realmente a lo que quiero llegar, todavía está más allá. Hay un problema con las personas jóvenes: Dios nos da talentos y es una bendición identificarlos y enfocarse en eso, pero si somos muy jóvenes y lo descubrimos, nos volvemos soberbios, nos sentimos poderosos y ya no queremos mejorar.  Yo quiero ser la mejor en lo que hago, pero no va a ser de la noche a la mañana sino aprendiendo todos los días. Sabiendo que mi mayor competencia son las cosas que tengo que mejorar.

Imágenes: parqueagustino, peru.com, celestecendoya, larevista

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