Natalia Cárdenas: “La actuación es lo que realmente me gusta”

Natalia Cárdenas es una actriz joven a la que ya hemos visto en diferentes obras de teatro como “Cosecha”, “Las tres hermanas” o en producciones televisivas como “Lalola” o “La Tayson, corazón rebelde” o “Clave Uno 3″. En estos días disfruta con el papel de Claudia en la obra de teatral “Botella Borracha”.

Minutos antes de una función pudimos conversar con ella para que nos cuente sobre su pasión por la actuación y de qué se trata dedicarse a este arte.

Ahora estás personificando a Claudia en la obra “Botella Borracha”, ¿cómo te va con el personaje?

“Botella Borracha” se trata de un grupo de treintañeros que se reunen a propósito de mi matrimonio y la venida de mi hermano de Europa. Se organiza una reunión con el grupo de amigos más cercanos. Esa es la parte central. Son tres parejas, cada una con sus rollos, y mi hermano los que nos reunimos. A partir del encuentro se desatan líos que no habían contemplado. El tema es un poco tener treinta y los rollos a esa edad.

Entonces es fácil que uno se identifique con la obra.

Sí, porque además no suceden grandes tragedias. No hay ninguna muerte o algo así. La gente en realidad se mata de la risa. Cuando nosotros, los actores la leímos también nos reímos pero no sabíamos cómo iba a ser la respuesta del público. Por ese lado muy bien. La obra también tiene sus momentos con cierto drama. Entonces, hay un equilibrio.

Lo que me gustó en el personaje de Claudia es que siempre su energía se mantiene arriba. Es una control freak, todo el tiempo quiere que las cosas se hagan a su manera. Por tanto también todo lo que tiene que ver con el matrimonio quiere que sea a lo grande y como su mamá quisiera. Y mas bien, el novio quiere algo mucho más íntimo y personal, a lo que ella llama un matrimonio hippie que obviamente no quiere tener por nada del mundo. Entonces, yo tenía miedo que mi personaje fuera muy superficial, hacer un cliché de la tonta o hueca y que caiga antipática. Eso es lo que le decía al principio a Ernesto (director de la obra), me preocupaba exagerar mucho y volverla muy tonta. Justamente trabajamos eso, que no sea el estereotipo y creo que ha funcionado según la reacción del público. No terminan odiándola.

Natalia actúa en la obra teatral "Botella Borracha"

¿Qué crees que tienes de este personaje?

Lo “chancona”, justamente mi preocupación por los detalles, porque todo salga bien. Eso pasa cuando entro a trabajar y especialmente en los últimos años. Me meto de lleno, con mucha pasión, a lo mejor de manera extrema. Tiene su lado positivo y su lado negativo. A veces estás con el humor cambiante todo el tiempo por eso. Pero si Claudia (el personaje) quiere el matrimonio ficho y elegante, yo, Natalia, quiero el hippie mas bien. Yo soy mucho más calmada también. Ensayábamos hasta las dos de la mañana la obra porque el teatro no estaba libre en otro horario y yo tenía que tener la energía arriba todo el tiempo y terminaba muerta.

Es una hora en la que ya quieres relajarte…

Sí, y este es un personaje que todo el tiempo está activa, saltando, moviéndose. Era un gran esfuerzo, ya no podía más.

¿Es la primera vez que trabajas con Ernesto Barraza?

Sí. Él es muy amigo mío, pero nunca habíamos trabajado juntos. Él mas bien había trabajado con casi todos los que forman parte del elenco.

O sea que tú recién entraste en esta dinámica.

Sí, aunque sí son parte de mi grupo de amigos de siempre. Solo teníamos que adaptarnos, pero fue muy rápido.

Vamos a remontarnos unos años atrás. Te conocí estudiando Artes Escénicas en la Universidad Católica. En ese tiempo, ¿ya tenías claro que lo tuyo era la actuación?

Desde chiquita pensaba que quería ser actriz y me moría de vergüenza. Entonces decía que quería ser arquitecta u otra cosa. Pero luego salió la carrera de Artes Escénicas (en la PUCP) y pensé que yo debía entrar. Al poco tiempo yo ya estaba postulando a la universidad y tenía todo el plan para ser actriz. Mas bien cuando ya entré a la carrera también comencé a preguntarme si podía dirigir también, porque la carrera tiene la base para todo en teatro. Pero después terminé y me fui a Argentina para estudiar actuación en Buenos Aires. Volví y entré al taller de Roberto Ángeles. Digamos que me dirigí más hacia la actuación, que realmente es lo que más me gusta.

Después empecé a trabajar en Plan 9 (asociación cultural dirigida por Giovanni Ciccia y David Carrillo) haciendo asistencia de producción, que en realidad no me gustaba tanto, pero quería actuar y se los decía. Hasta que creo que David se cansó de mi insistencia y me llamó para hacer un personaje en “Arsénico y encaje antiguo”. Eran dos viejitas que eran los personajes principales, el sobrino interpretado por Marco Zunino y la novia, que fue mi papel. Después de eso dije: ya no quiero hacer más producción. Y busqué la actuación como fuera. Gracias a Plan 9 trabajé bastante por esos años, incluyendo obras para niños.

Pero en todo eso, también hubo un salto a la televisión.

Ah, claro, me llamaron. No tengo el recuerdo claro de cómo fue. Sé que primero hice un papel chiquito en “La Gran Sangre 3″ que fue de rápido olvido porque la miniserie se diluyó un poco. Pensé que ese había sido mi paso por la tele. Pero después de un tiempo me llamaron para hacer un cásting para “Clave Uno” (la tercera) y quedé para un personaje que al principio creo que era más chico y fue creciendo por algún motivo. De ahí me llaman para “Lalola” y luego para “La Tayson”. Igual en la tele, dependen muchas cosas, así que nunca sabes cuándo te volverán a llamar.

Ya conocen tu trabajo, la gente te ha visto, es más fácil que te vuelvan a llamar…

Sí, eso es lo que tiene la tele, que te hace ser más conocido. Puedes hacer mil años de teatro y nadie sabe quién eres. Apareces en televisión y todo el mundo te reconoce en la calle, es increíble. La fama es esa cosa rara que viene de lo masiva que es la televisión. Cuando estaba en Lalola, los chiquillos me acosaban en la calle, me pedían autógrafos. Se acabó la telenovela y ya nadie sabía quién era yo. Me parecía muy loco.

¿Cómo sientes la actuación en televisión con respecto a la del teatro?

La de televisión es todo inmediato, tienes que saber tu guión perfectamente todos los días para no demorar la escena. No hay tiempo para procesar, así que tienes que confiar también en tu director, sino estás perdido. Al comienzo yo me sentía angustiada, porque te sientes como un producto más. Por ejemplo escuchas: “ese pelo le queda horrible”. O sea no era una actriz, sino un elemento más. Primero tenía que no tomarme personal cada comentario sobre lo horrible que se me veía en ese vestido o lo mal que lucía mi pelo. Y luego que tienes que saber tu acción en la escena y cumplirla porque no tienes otra oportunidad. Todo es muy veloz. A mí me gusta mucho más a nivel actoral el teatro. Tienes tiempo para armar un personaje, compenetrarte y entenderlo.

Entender por qué dice cada frase y por qué hace cada cosa.

Claro. Porque tú puedes tener una idea desde el principio y puedes hacer un mamaracho, hasta que de repente te das cuenta por qué. Incluso en las funciones te das cuenta de cosas y te terminas recién de sentir del todo cómoda. En “Lúcido”, la obra que hice antes de “Botella Borracha”, las últimas dos semanas recién me sentí bien con la última frase que decía después de un texto largo. Sentí “esto es”. Es un proceso y es rico.

Natalia en función de "Botella Borracha"

¿Cuál es el personaje que te ha enamorado?

Difícil. Siempre voy a recordarlo con mucho cariño, aun cuando no fue todavía cuando ya era profesional. Fue la obra que hizo Lisette Gutiérrez en su proyecto de Artes Escénicas en la universidad, “Haiku”. Hice un personaje que era una chica autista. Me gustó mucho crearlo porque justamente sentí que hubo investigación. Trabajamos con autistas y armé algo que por lo menos a mí me gustó.

Después a todos los personajes les agarró algo, creo que todos me han gustado. Pero de repente todavía me falta hacer “ese” personaje.

¿Alguna obra en especial que te gustaría hacer?

Siempre hay varias, pero hay una con la que no me saco el clavo todavía. Es de un argentino, Javier Daulte, del que ya se han hecho ya varias obras. Se llama “Nunca estuviste tan adorable”. Yo la vi en Argentina en el 2005 y me encanta. Todos los personajes son increíbles, pero hay uno que lo podría hacer yo ahora y hay otro que podría hacerlo dentro de varios años.

¿Qué es lo más difícil a lo que se tiene que enfrentar una persona que se decide por la actuación?

Acostumbrarse a los altibajos del trabajo. Si haces teatro o televisión, en algún momento termina y estás desempleado de nuevo. Sentir que nada es seguro. Mil veces yo pienso que de esto quiero vivir, es lo que me apasiona, pero de repente necesito a la par algo fijo, que no se acabe para el tiempo de vacas flacas. Cuando haces una obra, es a ver quién viene, y lo que hay en la taquilla es lo que te divides. Terminan los dos meses y estás en cero.

Eso que el teatro por lo menos acá en Perú se ha desarrollado en los últimos años.

Sí, definitivamente. Pero también depende, por ejemplo, de que esta sala (en el Centro Cultural Ricardo Palma en Miraflores) no se conoce mucho. Yo, por ejemplo, es la primera vez que vengo, siendo persona de teatro. Es una sala que no tiene un letrero grande que diga “Teatro”. El del Olivar lo mismo. Muchos teatros tienen poca afluencia de público simplemente porque la gente no se entera. Hay muchos teatros nuevos que no se conocen. Eso estaba pensando últimamente, que me encantaría que se arme una calle o calles de teatro, como en Argentina o Broadway. Vas a ver una obra y ves al frente y decides ir la próxima. Digamos que todos los teatros se ayudarían entre sí. Sería genial que se creen más espacios teatrales, que se formalicen y la gente sepa.

¿Con quién has disfrutado mucho trabajar?

Pancho Lombardi. He trabajado ya dos obras con él, “Las tres hermanas” y luego “Cosecha”. Estaba nerviosísima porque era Lombardi, el director de cine. Además es una persona muy calmada y callada, no usa mucha energía hacia fuera, entonces no sé nunca qué está pasando por su cabeza. No sabía qué tanto tenía yo que demostrarle. Yo quería mostrarle que no se había equivocado en llamarme, pero fue un muy buen director de actores porque los deja trabajar. Digamos que nos da las reglas de juego generales y permite que el actor “haga”. Da mucha paz, es engreidor también. Te hace sentir cómodo, y hacia el final ya mas bien él va afinando, armando todo como plastilina. Me pareció bacán porque no me di mucha cuenta hasta el final. Sabe lo que está haciendo.

Después también Gerardo García, que en “Botella Borracha” hace de mi hermano, antes me dirigió en “Lucido”. Sentí eso que me gusta: no es titiritero, tiene las cosas claras pero no es cerrado. Por lo menos yo valoro mucho eso. El director tiene su trabajo y el actor también tiene el suyo. Son modos de trabajar diferentes.

Dentro del tiempo en el que te has dedicado a la actuación profesionalmente, ¿cuál ha sido el momento más difícil?

Empezar. Porque terminé la universidad y me fui a Argentina a estudiar lo cual hizo también que me aleje. Cuando regresé, claro había estudiado, de hecho ya estaba más confiada, tenía las cosas más claras, pero no estaba contactada ni nada. En el teatro poco te hacen pruebas, es más contacto, te llama el que te conoce. Sentí que estaba fuera de lugar, que nadie me iba a llamar. ¿Cómo iba a ir a tocarle la puerta a Alberto Isola para decirle “yo quiero trabajar”? Yo, que soy tu alumna, una de las 500.

Me deprimí, me paralicé, andaba tirada en mi cama preguntándome qué hacer. Me pasaba el día haciendo nada. Estaba en esa época con un novio que estaba empezando a trabajar cada vez más serio en el teatro y estaba ligándole todo. No había una competencia directa, pero algo así llegaba a sentir. Estaba cerca a él, cerca a directores, pero cómo les probaba que era buena. Fue angustiante. Yo no quería hacer otra cosa, pero no hacer nada no era la voz. Así que volví a entrar al taller de Roberto, y bueno después comencé a hacer producción y lo increíble es que me sentí mejor porque estaba activa. Eso cambió mi perspectiva de las cosas, y ahí ya me puse como dedo para que me llamarán para actuar. Antes me hubiera dado verguenza. Antes de eso, fue lo más difícil porque ni siquiera sabía qué hacer, no veía ningún camino. Ya se habían acabado los estudios. Pero creo que eso pasa mucho, a menos que ya hayas estado trabajando.

Ahora siempre es complicado cuando comienza y termina una obra. Al comenzar porque estás con angustia de qué tal resultará esto, te preguntas si lo vas a hacer bien o tal vez la malogres. Pero creo que a la mayoría le pasa.

¿Qué te ves haciendo de aquí a unos cinco años?

No tengo miras hacia afuera, me gustaría estar en Lima. En cuestión trabajo, me gustaría algo como lo que han hecho las hermanas Bernasconi, un teatro. No se si tendré el capital. Me parece que es muy buena idea tener un teatro. Me gustaría ir por ese lado. Una actriz viejita no tiene tantos papeles y sería ese algo fijo que busco. Ahorita por ejemplo, solo estoy haciendo teatro, es de esas épocas en que digo: “venga público, necesito comer”. Además mi novio es arquitecto, así que también trabaja con proyectos. En épocas de más trabajo, guardamos pan para mayo. Pero no es tan terrible, por lo menos estoy haciendo lo que me gusta y nos vamos organizando.

Imágenes: Foto: Plan 9/ Difusión, Natalia Cárdenas

Compartir



Escribe un comentario