María Almenara: “Si has de apostar, mejor hacerlo pensando en más”

María Almenara aprendió a hacer postres con su familia. Estudió publicidad pero rápidamente se dio cuenta que disfrutaba más la repostería. Su esposo la ayudó a organizarse, a ver más allá del momento y ahora es una exitosa proveedoras de postres en el Perú, además de ofrecer servicio de catering y bakery. ¿Quieres conocer su historia? Tal vez te animes a formar tu propio negocio.

María Almenara en su taller con su bebé

¿Cómo te inicias con la empresa?

Yo estudié publicidad en el IPP, estaba practicando y en esa época solo sacabas copias, ibas a comprar y no aprendías casi nada. Siempre me ha gustado hacer postres, mi mamá y mi abuelita los preparaban. En mi casa había postre diario, pero no para vender, sino para nosotros. Mi mamá me enseñó y le tomé gusto a prepararlos. Creo en ese entonces, ni siquiera habían sitios donde te enseñaran pastelería o repostería y si habían eran algo más informal, no como carrera.

Cuando estaba trabajando en una agencia de publicidad, compraban tortas para los cumpleaños y me parecían feos, acostumbrada a comer los de mi casa. Yo les dije para prepararlas y se dieran cuenta de la diferencia. Comencé a llevar para ese tipo de ocasiones y de ahí, como tenía amigas en diferentes agencias, me comenzaron a decir para que haga también para ellas y se pasaron la voz. Entonces pensé: “Con lo que me pagan, mejor me sale dedicarme a esto y poner mi negocio“. Al principio creo que solo hacía dos tortas a la semana. De ahí comencé a hacer también brownies, alfajores, postrecitos pequeños y los iba a vender a las oficinas donde trabajaban mis amigas, como Ebel o Nextel.

En ese momento no había tanto comercio dentro de las mismas oficinas, podías ir y te quedabas conversando con una u otra hasta una hora. Llevaba un montón de dulces y se acababa todo. Pero vendía al crédito y me tenían que pagar a fin de mes por ejemplo. Cobrar era lo peor porque como iba a de un lado para otro, a veces para volver a la misma oficina pasaban hasta tres o cuatro semanas. Eso sí, oficinas nunca faltaban, llegaba como a las 4 de la tarde, les daba a probar y por supuesto, les provocaba. Comencé a hacer mi logo, mis tarjetas, a crecer un poco y todo lo hacía en el departamento de mi mamá.

Cuando comencé a salir con Armando, mi actual esposo, me preguntó qué hacía todavía allí y me aconsejó moverme. Justo el departamento de abajo se estaba desocupando y me animó a alquilarlo. Yo tenía dudas, porque en mi casa solo pagaba el gas e iba a ser mucho más gasto. Ya para ese entonces no cogía los insumos de mi casa, lo que sí hacía al principio y claro, tenía ganancia líquida. Entonces, para mí pagar un alquiler de 400 dólares era un montón de plata, pero mi novio me dijo que si trabajaba más definitivamente iba a crecer.

Me mudé abajo y busqué una buena cocina con un horno semi industrial. En ese tiempo sentí que todos mis ahorros se me iban a ir para comprarlo, pero hasta el día de hoy, después de 10 años, ese horno sigue vivo. Obviamente ya tengo otros, pero aún siguen usando ese. Si me hubiera comprado algo más sencillo, proyectándome a que solo duraría un año, tal vez realmente hubiera estado solo ese año. Pero como mi esposo cree que si has de apostar, mejor hacerlo pensando en más, en que te va a ir bien y me contagió esa manera de pensar. Yo no creía necesariamente que me iba a ir mal, pero siempre pensaba en que podía surgir una emergencia o que podía necesitar ese dinero.

Y ya no ibas a tener esa reserva…

Sí, pero poco a poco fue teniendo más clientela, hasta que me botaron del edificio. Las señoras del edificio firmaron porque en teoría se trataba de una empresa en un departamento. Les molestaba porque había un proveedor que llegaba a recoger los postres todos los días y tenía el camión prendido media hora afuera, justo cuando ellas hacían la siesta. Abrían y cerraban la puerta durante todo el día y las escaleras estaban sucias por el movimiento.  Hasta que vino un representante de la municipalidad y me cerraron el departamento. El papá de mi esposo tenía una casa en Surquillo que no utilizaba y me la prestó. Me mudé allí por un tiempo y después ya me mudé a mi taller en Chorrillos. De repente me hicieron un favor, porque ese departamento era de 100 metros y este ya es de 600 metros cuadrados, mucho más grande. Es un taller a puerta cerrada. No sé cómo, pero poco a poco van viniendo los clientes, si vas haciendo las cosas bien.

Tú pasas de hacer tortas para algunas oficinas y luego postrecitos, ¿Y ahora?

Ahora ya tengo un taller con 16 personas trabajando. Hago dulces para un restaurante e incluso para una cadena de cines. Yo no veía desarrollo de productos pero ahora estoy aprendiendo un poco.

¿Cómo llegas a contactarte con ellos?

Estaba buscando proveer a empresas para tener algo fijo. A veces me ponía de mal humor al ir a las oficinas y hasta tener que rogarle al de la puerta para que me deje entrar. Ya no estaba para esos trotes. Ahora todavía sigue yendo una chica que trabaja conmigo.

Había averiguado en varios restaurantes, hasta que me llamaron de uno de ellos. Una amiga de Ebel había recomendado “Maria Almenara bakery & catering” y me pidieron reunirnos. No me la creí al principio, fueron al taller que tampoco es una planta. Empezamos vendiendo tan solo cuatro postres para unas cuantas tiendas, no fue de golpe. Yo siempre había hecho postres caseros, no entendía eso de las medidas o la exactitud. Pero la verdad es que me ha ayudado bastante a disciplinarme. Por ejemplo ahora siempre usamos la mascarillas, todo está muy ordenado. Ellos por ejemplo insisten en que haya alguien de calidad y para lo que me estaban ofreciendo sentía que no justificaba un sueldo extra, pero al final me mandaron a alguien y me sirvió. Ahora ya tengo dos personas de calidad, ya sé que puedo discutir, me he empapado con las auditorías que me hicieron. Eso fue hace cuatro años y la idea es que pueda ir creciendo.

Tiene que ver mucho con la calidad de tu producto. Claro, lo que ellos me dijeron cuando me ubicaron es que había otras empresas que a lo mejor estaban mucho más organizadas pero que sentían que la mía era más flexible. Si me piden el desarrollo de un nuevo producto, yo pruebo y lo hago. Si me dicen “vamos a cambiar la presentación o la forma”, yo lo hago. La otra empresa que tenían antes creo que ya solo se preocupó por vender y vender, ya no se preocupaban por lo que quería el cliente. La idea es que sea algo más casero y por eso buscaron un cambio.

El campo es grande, pero ahora hay más competencia porque hay institutos que enseñan repostería. También hay la facilidad del Facebook y ya la gente te conoce. Hace poco estuve en la exposición de Larcomar de “Dulces Aromas” y al final te das cuenta que hay mucha gente que hace postres como uno. Para todas hay mercado.

Los postres son una debilidad para muchos.

Tengo unas tías que me dicen que se van por lo orgánico, pero no les dura mucho tiempo, siempre caen con los postres. ¿Quién no? Yo soy súper dulcera.

¿Tienes hijos?

Sí, uno, apenas va a cumplir un año.

¿Como es un día común para ti?

Ahora, el bebé se está despertando como 4 veces en la noche porque le están saliendo los dientes y tiene alergia también por la humedad. Eso me ha sacado un poco de mi rutina. Igual tres veces a la semana corro por el malecón, regreso a casa y estoy con él. A veces tengo que estar a las 8 am en el taller, otros puedo llegar a las 9:30. Los lunes y miércoles lo llevo a un lugar que se llama “Mami y yo” en donde hacen estimulación temprana. En las tardes estoy con mi hijo, y a las 8 se duerme. En la noche voy a hacer las compras de la casa o me voy al cine con mi esposo.

Tener tu negocio propio tiene sus ventajas.

Claro, manejo mi tiempo y cuánto más trabajas, más recibes. No es como en otros trabajos que se quedan hasta las 10 de la noche y todo sigue igual. Yo lo veo en mis amigas en empresas, pero siguen ganando lo mismo. Ahora me dedico a buscar clientes, estandarizar recetas, ya no estoy tanto preparando la masa.

Tú ya enseñaste y delegaste.

Sí. Cuando hay nuevos productos sí tengo que enseñar. La persona de calidad se encarga de controlar que todo salga bien. Si surge un problema yo veo qué puede ser. A veces es un problema de insumos que los chicos no necesariamente entienden porque aún les falta experiencia. Son cosas que he aprendido, ya sé por qué pasan las cosas. Hace un tiempo contraté a una chica que había estudiado en un instituto, pero no sabía trabajar en serie sino para restaurantes. Cuando estudias de esa forma tienes el detalle, la precisión, pero no era lo que yo necesitaba. Luego contraté a un chico de Innova y él sí fue como mi profesor sobre la marcha. Ahora él se dedica a enseñar pero de vez en cuando me ayuda.  Por ejemplo, estuve en el Dakar y preparé mousse de chocolate y cheesecake de maracuyá. Para eso, él vino con su grupo. Esas son cosas extras para las que sí necesito otro personal.

Tener tu propio negocio sin embargo, tendrá también su lado negativo.

Creo que tienes más responsabilidad, porque tienes gente que trabaja contigo y por tanto depende de ti. O tienes al proveedor que te presiona. Hay mucho estrés y la gente piensa que uno está mucho más relajada que si trabajara para alguien más. Cuando estás en un puesto fijo, trabajas lo básico y vives tranquilo porque al final no es tu negocio. Si quiebra o no, buscas otro trabajo. En mi caso es diferente. También tienes que ver la parte administrativa y la de calidad, a veces el tiempo falta.

¿Qué tanto te ayudó haber estudiado publicidad?

De hecho me ayudó. En principio a relacionarme con la gente, a llegar y presentar mi producto sin problema. Me lanzo porque eso sí, siempre estoy segura de lo que estoy llevando. A mí me gustan mis postres, y llego convencida de que también van a gustar. Hay cosas que no se pueden controlar, como que el chófer se demoró y hay reclamos. Todas esas cosas hay que saber manejarlas. Como yo soy la imagen de la empresa, entonces me reclaman a mí. Al principio, cuando estaba en casa de mi mamá yo me encargaba de todo, de preparar, de contestar el teléfono, de repartir, prácticamente no dormía y me iba de corrido toda la madrugada. Regresaba a seguir preparando. En ese tiempo tenía un gran estrés y luego aprendí a delegar.

¿Te veías así cuando recién comenzaste a preparar postres?

Nunca me proyecté tanto. Estaba segura de mi producto pero no sabía hasta dónde llegaría. Ahora ya sé lo que quiero, antes no. Me bastaba con que me dijeran “qué rico está”, eso me preocupaba más que me pagaran.

¿Tu esposo te ayudó mucho a organizarte?

Sí, yo era más relajada. Él me ha ayudado con la parte administrativa. Ahora ya estoy viendo la parte de contabilidad. Tengo contador y administrador, pero yo tengo que llevar el control de la empresa. Antes él me preguntaba cuánto estaba facturando y yo no tenía ni idea. Lo tengo que hacer pero no me gusta mucho. Me pone de mal humor ver que hay cuentas pendientes de clientes.

Siempre va a haber clientes morosos…

Sí. Tal vez como no me falta para pagar insumos, a veces no pongo presión en eso. Pero ahora mi administradora está poniendo orden en esa parte también.

Antes se manejaba como un negocio más casero.

Sí, ahora ya es una empresa en la que se tienen que respetar los plazos y la gente a veces no lo entiende, pero en realidad no hay otra manera de crecer.

Imágenes: mariaalmenara

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Un comentario Dejar un comentario ›

  • patver
    Noviembre 2, 2012

    HOLA MARIA, HE LEIDO DETENIDAMENTE TU ENTRVISTA Y ME PARECE ESPECTACULAR EL CRECIMIENTO QUE HAS TENIDO RESPECTO A TU NEGOCIO ME SIENTO UN POCO IDENTIFICADA YA QUE ESTOY COMENZANDO MI PROPIO NEGOCIO, NO ES FACIL PERO SEGUIRE EN EL CAMINO A VER A DONDE ME LLEVA….
    LLEGUE A TI SIN QUERER BUSCANDO UN POCO DE INFORMACION DE PUBLICIDAD EN OTRAS PAGINAS Y SOLO CON COLOCAR REPOSTERIA APARECISTE FRENTE A MI ME ALEGRA MUCHO ENCONTRARTE YA QUE ESTABA UN POCO DEPRIMIDA POR QUE LAS COSAS NO ME HABIAN SALIDO COMOLAS PLANIFIQUE PERO LEER TU ENTREVISTA ME HA DADO EL ANIMO QUE NECESITABA PARA SEGUIR, GRACIAS POR CONOCERTE AL MENOS POR ESTE MEDIO, BYE

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