Graciela Paola, ‘Grapa’: “Elegir es un acto de libertad”

La actriz argentina Graciela Paola, conocida como “Grapa”, llegó hace diez años a Perú. Desde entonces no ha parado, ya la hemos visto en la obra teatral “La Piel” de Elisa de Carole Fréchette, “Extraño juguete” de Susana Torres Molina, “Recontra Hamlet” de varios autores, “La Nona” de Roberto Cossa, “Respira” de Eduardo Adrianzén, “El Cine Edén” de Marguerite Durás, “Estaba en casa y esperaba que llegara la lluvia” de Jean Lucaglarce, “La reina de belleza de Leenane” de Martin Mcdonagh, “Medea” de Eurípides, “El dragón de oro” de Roland Schimmelpfenning, “En la otra habitación” de Sarah Ruhl y “La Cocina” de Arnold Wesker.

Ahora en medio de las funciones de la obra “La Fiaca” dirigida por Giovanni Ciccia se tomó unos minutos para contarnos un poco de su vida a través del teatro, la docencia y otras pasiones. Si te has dado una vuelta por el restaurant “Patagonia” en el distrito de Miraflores en Lima, tal vez la hayas visto junto a su esposo, Ezequiel Furgiuele, con quien lo dirige.

Estudiaste actuación y dirección en Argentina…

Estudié ambas. Actuación en la “Escuela nacional de Arte Dramático” cinco años y luego estudié dirección tres años más en la “Escuela Municipal de Arte Dramático”. Es decir, ocho años estudiando teatro.

Eso fue cuando terminabas el colegio.

Sí, poco después, cuando tenía 20 o 21. Ahora tengo 61, digamos que hace unos cuarenta años.

Siempre supiste que querías dedicarte a esto. ¿No hubo dudas?

No. Hay muchas cosas que me interesan, muchísimas. Si volviera a vivir, creo que no me alcanzaría la vida para hacer todo lo que quiero. Pero no tenía duda de dos cosas desde que era chiquita: una, que quería ser maestra y lo soy, soy docente de teatro y maestra de colegio y la otra que quería estar arriba en un escenario. Cuando era pequeña quería ser bailarina porque estudiaba danza, pero sabía mi lugar estaba en un escenario. Si hubiera tenido una buena voz, me hubiera gustado ser cantante de rock n’roll con mi banda.

¿Cómo así llegas a Perú?

Llegamos con mi esposo por una de las tantas crisis de Argentina. Mi esposo se ha criado aquí en Perú, en Chosica específicamente, vino de muy pequeño con mis suegros y sus hermanos y el vínculo con este país era muy fuerte. Cuando la crisis se puso fea en Argentina, decidimos venir. Ezequiel extrañaba mucho el Perú.

¿Pensaban venir por un tiempo o tenían la idea de quedarse?

No sé. Nunca me pregunté si era por un tiempo, creo que era “venirnos”, ver qué pasaba. A mí me preocupaba un poco, después de hacer tantos años teatro en Buenos Aires, qué iba a pasar aquí conmigo y por suerte me fue bien.

¿Qué pasó cuando llegaron?

Creo que el primer año para cualquier inmigrante es duro. Eso fue más o menos en el 2001. Hay muchas ventajas con respecto al Perú y Argentina, una cuestión de lazos, de idioma, muchas cosas comunes. Pero también hay muchas diferencias. Sobre todo el clima de Lima, a mí me chocó mucho. El primer invierno fue terrible, por lo gris. Me pasé el primer año triste, era una tristeza profunda y no sabía qué me pasaba hasta que me di cuenta que era porque no tenía luz. Agradezco que este invierno haya una luz increíble. Y claro, también para habituarme con cosas que se relacionan a maneras de ser. Yo tenía que adaptarme al lugar.

Para vincularme con la gente de teatro, comencé haciendo impro. No sabía cómo conectarme. Yo veía aquí espectáculos, mucho menos de lo que hay ahora claro. Hace 10 años atrás el panorama teatral era totalmente otro. Entré de a pocos, nunca había hecho impro y comencé con eso.

Y de ahí no paraste…

De ahí no paré. Es un agradecimiento enorme que siento por el Perú. Se ha formado un vínculo muy fuerte con él, es más, no creo que pueda escaparme más.

¿Cómo se une lo del Restaurant Patagonia? ¿Ustedes ya llegan con la idea?

Sí, Ezequiel ya había tenido un restaurante. Su familia se ha dedicado mucho a la cocina. Mi cuñado tiene el “Canta Rana” en Barranco, mi sobrino tiene el “Canta Ranita” en el mercado. Tuvimos un restaurante en Uruguay donde estuvimos cuatro años. Era la idea al llegar a Limaa poner un restaurant también, pero con un plus, que tenía que ver con la cultura. Hemos hecho cantidad de recitales de poesía, se ha hecho teatro, música, y se sigue haciendo. Nuestra intención era que fuera un lugar donde la gente comiera rico, pudiera charlar, que la música no estuviera tan fuerte, que sea un lugar de reunión y es así. Nos gustaba esta idea, que viniera gente con la que pudieramos charlar sobre las cosas que nos interesan: literatura, poesía, política, de arte en general, de la vida.

¿Desde el principio tuvieron acogida con el restaurante?

El inicio fue duro, como cualquier emprendimiento. Al principio, era un cuestión entre amigos, y si eramos 10 nos pegábamos frente a la ventana para hacer la finta de que había gente. Te juro que lo hacíamos. Cuando pasaba un carro levantábamos los brazos y nos reíamos para que pensaran que había movimiento. Empezamos de nada, porque tardaron cuatro meses en llegar los muebles de Buenos Aires. Usábamos los vasos de whisky de la casa de mi viejo, los cubiertos y platos de casa. Empezamos con lo que teníamos, con lo más nuestro, con las ollas y sartenes de casa. Nada de comprar, nada de “design”. Así es el restaurant, está lleno de cuadros, de fotografías de gente que admiramos y queremos mucho y también fotos de nuestra familia, todo está mezclado.

Es casi como tu hijo.

Supongo que es como el que no tenemos. Y como cualquier hijo también nos da nuestros dolores de cabeza y satisfacciones.

¿Por qué no tienen hijos?

No pudimos y hubiéramos querido. Intentamos mucho tiempo. Pensamos en adoptar pero ya estábamos grandes. Habíamos tenido muchos tratamientos. Hace 20 años la cuestión de buscar un hijo no era como ahora, no habían tantos avances. Supongo que ahora hubiera podido, pero así fue en ese momento. La vida nos regaló dos nietas, Lara y Emma, dos peruanas que son como nuestras nietas. Es la mejor cosa que nos pasó en el Perú.

Ezequiel Furgiuele, pintor de profesión

Ustedes tienen más de 20 años juntos como pareja.

Sí, más, no sé cuánto exactamente. No somos de las parejas que andan contando, nunca nos acordamos, cuándo fue, en qué año fue. No somos de aniversarios.

¿Cuál crees qué ha sido el secreto para tener tantos años y además trabajar juntos?

No tengo la menor idea. Es la chamba más difícil. Si me pidieran un consejo, no sé que decir. No es nada fácil, además esa fantasía del príncipe azul no existe. A mis nietas se los digo, tienen cinco y dos años pero se los digo desde ahora. Es un cuentito no más. Creo que es una chamba y una decisión día a día. En nuestro caso -no sé si sea en todos los casos porque ser ejemplo no es lo mío- tiene que ver con una cuestión ideológica y estética que nos une muchísimo: acerca de lo que pensamos de la vida, de lo que es el mundo, de lo que nos gustaría que fuera el mundo. En muchos sentidos seguimos pensando como cuando éramos jóvenes y no me disgusta para nada la idea.

¿Cómo te gustaría que fuera el mundo?

Mucho mejor de lo que es.

¿Con menos qué?

Con menos ambición, con menos deseo de poder, con menos carrera hacia el dinero y esa desesperación monstruosa que tiene la gente acerca del “tener”. Con más “ser”, con más… “tolerancia” es una palabra que odio, porque pareciera que me subiera a un banquito y te mirara desde arriba y decidiera que “yo” te tolero “a ti” que estás mas abajo. Creo que tiene que ver con la curiosidad de saber cómo es el otro. Nosotros somos, con mi esposo, muy curiosos, y me parece que es una fortuna serlo. Cómo será esto y por qué pensará así, qué lo mueve a hacer otra cosa, en qué barrio habrá vivido y qué mundo interno tendrá. Qué interesante, esta persona no tiene nada que ver conmigo, y sin embargo tenemos punto en común y en descomún también y sin embargo, nos queremos. Creo en eso.

Hay gente que también no me gusta para nada, que me parece aborrecible. No es que sea tolerante con todo el mundo, para nada. Hemos pasado en Argentina, en Perú y en Latinoamérica en general, y en el mundo en particular, tantos episodios de violencia, de dictadura, que esa gente responsable es totalmente aborrecible, con todo el peso de esa palabra. Pero también el Perú nos dio una variedad de amigos que yo atesoro con una riqueza incalculable, de color, religión, piel, todo. Porque en Argentina todos somos de alguna manera homogéneos. Alguna vez, hace un par de años, estábamos tomando desayuno con unas amigas y dijimos “somos Benetton”. Nos sacamos una foto y lo éramos, y eso a mí me alegra mucho, de haber conocido otras culturas, otras maneras de pensar, que mi mundo cartesiano y tan intelectual y pensante, como es el mundo de la Argentina en general, haya cambiado. De repente me encuentro con una amiga para la cual la magia de los Apus existe y yo lo comparto con ella en un encuentro precioso en Churup, Huaraz. Y ella me abraza y me dice: “Los Apus te están bendiciendo”. Y yo que soy una agnóstica, termino abrazada y llorando con ella y diciendo: “Estos señores de acá tenían razón, el sol es dios, el agua es dios, la piedra es dios, eso es dios”. No creo en Dios, pero creo en eso, en los seres que habitaron y que habitan este mundo, en la naturaleza, en aquello que nos da vida.

¿Nunca creíste en Dios?

Cuando era chiquita, estuve en un colegio católico por años. Desesperadamente quería ser monja en el África, convertir a los negritos, pero no. Ahora soy súper respetuosa de lo que cree cualquiera, pero soy sumamente irrespetuosa con cualquier institución religiosa. Me parece que es un cúmulo de poder. La apropiación del poder y de la mente de las personas me rebela mucho. No creo en la Iglesia como una institución, sí en los miembros que creen fervientemente y que son seguidores de la religión desde su corazón.

Es un quiebre bien fuerte, has estado en un colegio católico. ¿Cómo se produce?

Supongo que porque me gusta más la duda que la certeza. Yo creo que las instituciones establecidas religiosas proponen certezas y te arreglan la vida, todo está explicado a partir de eso. Como todo está explicado también a partir de cualquier posición política, el marxismo te la explica, te propone arreglarte. Yo fui militante política muchos años también. A mí me gusta la duda, poner en duda.

¿Ahora cuál es tu relación con la política?

Tranquila, de distancia en cuanto a la militancia, no indiferente. Hay cosas que me ponen de un mal humor excesivo y no me quiero sacar esa rabia. A medida que pasan los años, la duda se acrecienta. Y si el otro es distinto, por qué lo es. Yo tengo un problema con la autoridad. Y si me dicen “haz esto”, a menos que sea un director de teatro, lo pongo en duda. Creo en la libertad, en la posibilidad de las personas. Hay tantísima gente que pasa la vida sin posibilidades.

Dice que quien tiene opciones ya es un afortunado de por sí.

Absolutamente. Yo, o cualquiera, podría haber nacido como una niña en Afganistán muerta a los tres años, o lo que fuera. Es un albur. Sí me siento merecedora de lo que trabajo y lo que hago, pero no me siento merecedora de nada en especial. Nací en medio de una familia trabajadora, tuve educación y pude elegir, eso ya es una fortuna enorme y muchos no se dan cuenta, se creen “con derecho a”. Elegir es un acto de libertad, no hay otra cosa más grande que eso. Hay muchísima gente en el mundo que no puede hacerlo y eso sí me rebela. Espero que tenga 90 años y siga gritando contra eso.

Cuéntame un poco sobre “La Fiaca”, la obra que estás haciendo ahora.

Es una obra maravillosa de Argentina. Se estrenó en el año 67 en Buenos Aires, es de Ricardo Talesnik y transcurre en esa década. Un momento bastante particular, de quiebre. Veníamos de una sociedad con un modelo de familia particular, en que todo tenía su lugar. Y por esos años ese modelo se quiebra en el mundo occidental. Se trata de la historia de un hombre que decide un día tener “fiaca”, traducido no como “flojera”, sino como una flojera existencial. Es preguntarse ‘qué estoy haciendo’, ‘por qué lo estoy haciendo’, ‘voy a seguir haciendo esto porque los demás dicen que tengo que hacerlo de determinada forma o puedo elegir’.

Justo hablando de elecciones. Este hombre elije no ir a trabajar, con lo cual se desata en la familia un caos, tiene una esposa que trabaja a medio tiempo. Las mujeres comienzan a trabajar por esa época y para ella es un progreso, por tanto es difícil de entender la posición de su marido. Por el otro lado, está la madre, que es la que hago yo, que es viuda, depende económicamente del hijo y no puede entender como él estando en una empresa prestigiosa decida salir de ahí y están todas las expectativas que tiene con respecto a este hijo único, que es también su único amor. Es una madre hiperposesiva, atrapante, controladora, porque sino se queda sin nada. Y “abeba” todo el tiempo al hijo: “mi bebé, mi bebé”, que ya tiene no sé cuántos años y tiene mucho de limeño, algo que sí me chocó. Yo no estaba acostumbrada a que los hombres estuvieran tan cuidados por la mamá. En Argentina, los mandan irse de casa rápido. Eso no lo entendía, por qué los hombres -y las chicas también- no se van a vivir solos. Después entendí por qué, porque están comodísimos y les proveen todo. Esta obra pega justo ahí. No voy a contar el final, eĺ toma una decisión, vamos a ver si la sostiene o se lo come el sistema como suele suceder.

¿Qué tiene en común el personaje de la madre contigo?

Uy… he dicho varias cosas feas. Me tengo que cuidar mucho, porque me reconozco.

Uno parte de uno mismo para hacer un personaje…

Obvio. Tiene que ver mucho esto que me recuerda a la madre italiana, de sostener al “macho” y endiosar al hombre. Y yo lo he vivido, vengo de una familia italiana y española y esto de atender primero al varón lo he pasado. Me basé mucho en experiencias familiares, en tías, lo que uno hace cuando se es actor. Es un eterno ladrón, va robando de donde puede, de imágenes, sentimientos. Un actor es como un gran basurero, va recogiendo basura y ve qué le sirve y qué no.

¿Qué tal fue el trabajo con Giovanni Ciccia?

Buenísimo, habíamos trabajado ya en “La Nona”, que también es una obra argentina que adoro. También había trabajado con David Carrillo. Me siento como si estuviera en mi casa, hay una cosa muy familiar. Y Giovanni tiene esto también de familia italiana y había referencias a eso, lo entendía inmediatamente. Nos fue fácil la comunicación, nos fue muy “a piel”. Ningún personaje es fácil, pero digamos que hay algunos que sientes más cercanos y esta madre es uno de ellos.

La obra ya lleva casi un mes. ¿Cómo has sentido el publico?

Sí, nos faltan dos meses. El público nos ha impresionado, yo sabía que era una obra que gustaba. Se ha traducido a muchos idiomas y se ha puesto en muchos países. Aquí se hizo hace muchos años con Enrique Victoria y Carlos Victoria. La gente se ríe como loca, porque es una comedia buenísima. Trabajar con Oscar López Arias o Lucho Cáceres con quienes no había trabajado antes es una gloria. La pasamos muy bien, y eso se siente. Localidades agotadas, un éxito grande, estamos muy felices porque uno invierte mucho tiempo y uno nunca sabe cómo va a salir. Uno apuesta por cosas que parecen extraordinarias y no pasa nada. Creo que esto ha tenido mucho éxito porque la gente también quiere hacer “fiaca”, tiene ganas de botar de una patada y decir “no quiero hacer nada” o “quiero hacer esto que me gusta”, “quiero salir a caminar”, “quiero jugar”. Como actriz yo juego todo el tiempo, a mí no me falta el juego, pero veo que la gente de mi edad no lo hace. Jugar es fundamental para un ser humano.

Claro, sino, ¿cómo resiste la vida?

No sé, y por eso terminan con ansiedad y van a talleres que hacemos nosotros para hacerlos entrar en la zona del juego que es la del placer puro, que vuelves a hacer niño, la zona de la no-competencia, donde ganar o perder no importa, lo importante es jugar. Todo eso en un mundo donde la competencia es feroz para llegar a no sé dónde.

A la supuesta felicidad.

¿A cuál? A comprar el carro y la casa. No te das cuenta ni dónde estás. Al personaje de “La Fiaca” le pasa esto, a mucha gente le pasa. Hay que parar y preguntarse qué estoy haciendo. No te diré si Néstor, el personaje de la obra, sigue por otro camino pero por lo menos hace el quiebre.

Hemos hablado de la mejor parte de hacer teatro, pero ¿qué es lo más difícil?

Es muy difícil hacerlo. Cuando me preguntan qué hago, digo “soy actriz”. Y me dicen “qué lindo, haces lo que quieres”. Y sí hago lo que quiero, pero cuando me lo están diciendo no lo dicen por lo que yo digo “sí, hago lo que yo quiero”. Yo lo digo porque es mi pasión, pero es un trabajo muy duro, muy disciplinado, es como la de los deportistas. Los ensayos son como los entrenamientos y el estreno como la carrera de vallas. Hay una cuestión deportista en esta profesión. A mí me encanta, estar encima de un escenario, investigar un autor, me encanta cambiar de directores, es como entrar a un mundo distinto. Pero es complejo, hay muchos días que digo “¿para qué me metí en esto?”. Mis compañeros se ríen y yo digo, “¿qué hago acá con estos nervios terribles?”

Es genial que no pierdas eso

Me muero si no tengo nervios, es la adrenalina. Hay gente que se tira del puente para sentirla, yo los entiendo. Sé lo que están buscando: esa necesidad de decir algo. Actuar es mi manera de decir lo que pienso del mundo, haciendo cosas tan disímiles como “Medea” o “El Dragón de Oro”, cosas que no tienen nada que ver entre sí. Pero es mi forma de decir: “esto es lo que yo quiero para el mundo”.

Me decías que hay personajes con los cuales uno se siente más cercano. ¿Cuál es ese que te cambió la vida?

Todos y no es una frase hecha. Annie que era un personaje pequeño que hice “En la otra habitación”, era una enfermera muy callada, un personaje muy acotado, obediente, prolija y me obligó a ser precisa. Yo soy argentina, así que soy mas bien expansiva, entonces esta cosa que tenía recatada, de economía de gestos y recursos, me enseñó un montón. El personaje de Marguerite Duras en “El Cine Edén” me cambió totalmente. La gente con la que trabajo también me cambia la vida, los uso y los abuso para que me cambien. Esto es lo maravilloso del teatro. Si me meten en una oficina exploto.

Pero trabajaste también en oficina.

Sí, claro. He trabajado en cosas insólitas. He contado camiones de arena a las cinco de la mañana en Uruguay con un frío de 10 grados bajo cero, sentada en la arena con una fogotita haciéndome un mate, porque no había plata. He “ensobrado” en la época que se mandaba cartas, he estado ocho horas metiendo papeles en sobres y pegándolos, con un texto teatral al lado, mientras hacía este trabajo mecánico. He sido maestra, he hecho mucho para sobrevivir, para poder seguir haciendo teatro. Estuve en la oficina con un arquitecto que era tan maravilloso, que cuando me veía loca, me mandaba a la calle, me decía “vete de acá”. He hecho de recepcionista, de anfitriona, con esos tacos altos y maquillada. He dado clases en la cárcel, donde conocí a mi esposo, él daba clases de plástica y yo de teatro. Mis padres fueron muy modernos para su época. Recomendación de mi madre: “Nunca te cases antes de los 31 y jamás dejes que te mantenga un hombre”. A los 17 cuando terminé el colegio era “a chambear y estudiar”. Se los agradezco, porque he hecho de todo y podría hacerlo. No me parece que ningún trabajo sea indigno. Aquí en el restaurant lo saben, en momentos que aprieta mucho, me meto a la cocina y me pongo a lavar platos. No sé cocinar, el que cocina muy bien es mi esposo. Pero sí lavo muy bien. No soy una señora típica de 61 años.

¿Eres feliz con tu vida?

Con mi chamba sí. Nunca se es feliz. La palabra “felicidad” está sobrevaluada, es algo que nunca se alcanza. Me parece que es eso que hacemos mientras estamos corriendo hacia ella, creo que es una frase de John Lennon. Es lo que a uno le va pasando. Disfruto los momentos felices, y también los tristes. No creo en esa cosa “new age” de encontrar el equilibrio justo. Yo creo que voy desequilibrada y así soy. Soy más apasionada, mi desequilibrio es parte de mi vida, el desequilibrio es la duda, es parte mía.

Imágenes: livinginperu

Compartir



2 Comentarios Dejar un comentario ›

  • beasei
    Agosto 8, 2012

    Qué buena entrevista! Me gustaría conectarme con Grapa, porque estoy haciendo una investigación titulada Teatro: argentinos en el exterior, y quisiera pedirle más datos de sus actividades. Muchas gracias. Beatriz Seibel

  • chemo
    Agosto 9, 2012

    putaaa grapa es una recontra buenaza profeeee desde el 1 dia q la conoci m cayo super blomista jugetonaa y enseña de la PTM mas q todo es una lokazaaa creo q de alli no m sacan nadie va ser mi 2 jato bueno es mi jato jajjaja y sergio ni q decirr es un buenn actorazoo aun q lo vi una vez pero se nota q tiene carisma y simpatia jajja y m da junto q el prox ciclo lleve cn elll desde hoy les aseguro q m voy a kedarme hasta el finallll ahhh un favorcitoo m avisan cuando hay obras cuanto esta y aq hora y en donde si es en la punta de cerro yo estare alli jajajja

Escribe un comentario